x Bienvenidos x

Al RPG Mystical Land, ahora con tres años de vida...

¡Gracias a todos, a los que estáis, a los que alguna vez han estado, sois los mejores!

¡Felices tres años! 

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x Fan Arts - Fics

 

x Tag Board x


x Historia x

Al alcanzar cierto nivel, en Mystical Land, el juego de moda, los jugadores son absorbidos por el ordenador. En este mundo digital, luchan por sobrevivir día a día. Pronto, reconocen a la causa de sus desgracias: El juego en sí.

Presentándose como un personaje más, que cambia su apariencia según sus deseos, explica a los jugadores que los ha traído a ese mundo sólo para entretenerse...o al menos eso fue todo lo que dijo antes de desaparecer. Casi instantáneamente, los jugadores pasan de una aventura a otra sin descanso. En una de ellas, pierden sus recuerdos, lo único que les aferraba al mundo real.

A la vez que intentan proteger un mundo cada vez más irreal, viejos recuerdos de sus antiguas vidas comienzan a perseguirles...¿Es esto una señal?

¿Se acerca el momento de escapar de la fantasía y volver a la realidad

 

x Créditos x

Idea: Ade_Lee

Brushes:

 Miss M Brushes


 

x Agradecimientos x

x A Bopeep, Fayne, Videl, Shu y Arashi por su inestimable ayuda a una principiante.

x A Dark Lorena por su apoyo constante, y que además ha aportado una gran ayuda en esta versión.

x A Bopeep otra vez, ya es casi tradición pedirle que diseñe una barra separadora. 

x Y en resumen, a todos, por seguir posteando, apoyando y dando ideas después de tanto tiempo ayudando a que esto siga vivo...

¡¡GRACIAS!!
 

 

julio 21, 2007

La dulce damisela Neptune había huido con su joven amada llevándose consigo mi laúd, lo que me sorprendía.
¿Realmente era la joven tan mala persona como para no devolverle su herramienta de trabajo a un pobre y humilde juglar?
Ni noble mula se encontraba pastando a mi lado y yo jugueteaba con una espiga de maiz en mi boca mientras observaba el cielo e inventaba nuevas historias y canciones apoyado cómodamente en un árbol.
Mi vida era sencilla, sí señor, y muy reconfortante, sobre todo al recibir los aplausos del público cuando termino una de mis formidables actuaciones.
"Muchos eran los jóvenes que componían el grupo...mas los más formidables..." No "...los más valientes..." No, tampoco "...los más... los más..." ¿¡Los más qué!?
-¡Albricias! -Exclamé, levantándome de golpe. Meditando sobre mi cantar, habíame quedado totalmente traspuesto y el cielo ya estaba cubierto de naranja, lo cual quería decir que ya era momento de buscar a mi joven amiga para pedirle que me devolviera mi laúd.
Me dirigí montado en mi noble mula de nombre Caserío Lanceta Mariscada Jabalina de Todos los Santos hacia la posada, y cuando llegué -sólo habíamos avanzado tres metros, pero tenía que hacer una llegada triunfal- abrí la puerta de un golpe y me dirigí andando a grandes zancadas hacia el mostrador.
-Buenas tardes, noble caballero -dije, haciendo una reverencia. Quizá la hice demasiado exagerada puesto que... al inclinarme, me di un colpe en la frente contra la barra del mostrador. Me incorporé rápidamente y carraspeé mientras notaba que un hilillo de sangre me recorría el rostro- vengo a solicitar que me deje utilizar la taberna de su local para entretener a sus moradores durante unas horas cantándoles con mi hermosa y aflautada voz y mi desaparecido temporalmente laúd -expliqué con voz solemne.
El anciano que atendía en recepción me miró con los ojos muy abiertos y señaló con un rugoso dedo mi frente.
-Tienes...
-Lo sé, forma parte de mi repertorio.
-Ah. De acuerdo. Cenamos a las once, a esa hora podrás hacer tu actuación.
-Muchas gracias -incliné la cabeza mientras me quitaba el sombrero. No quedaba tan hermoso como una reverencia bien pronunciada, pero por lo menos evitaba que el mostrador me hiciera otra brecha en la frente. Me di la vuelta mientras caminaba hacia la salida y el hombre me dijo.
-Toma -me tendió un pañuelo. Yo lo recogí con lágrimas en los ojos y me lo llevé a la herida de la frente.
-Gracias... -musité, intentando disimular el dolor que me producía.- Pero que conste que forma parte de mi repertorio.
-Lo sé... lo sé... -dijo el hombre con voz cansada mientras se dirigía a las cocinas.
Salí de la posada y me dirigí a mi noble mula Caserío Lanceta Mariscada Jabalina de Todos los Santos y, al apoyar las manos en su lomo y dar un salto para subir en él, la muy bandida echó a cabalgar y caí de morros contra el suelo.
Me levanté como pude, farfullando algunos maleficios contra ella mientras la veía pastar tranquilamente a unos cuatro metros alejada de mí. Juraría poder ver una sonrisota de satisfacción cruzarle el morro.
-¡Ven aquí y lucha como una mula, malandrina! -Grité, sacando un cuchillo de mi bota y esgrimiéndolo contra ella.
La mula me relinchó y se fue al abrebadero de la posada para beber.
Suspiré, apesadumbrado, y me senté en los escalones de la entrada, esperando ver aparecer a mi nueva amiga Neptune para que me aclarara algunas dudas que me desasosegaban el sosiego.